En 1511, Lutero fue enviado a
Roma, quedando muy escandalizado por el lujo y la
inmoralidad de la corte papal y del alto clero. Algunos
años después, el Papa León X decidió demoler la basílica
Celestina, en Roma, templo que tenía doce siglos de
antigüedad, y construir una nueva: la actual basílica de
San Pedro; pero no teniendo dinero para continuar la
edificación ya iniciada, decidió conseguirlo vendiendo
indulgencias por toda la cristiandad. Se llama
indulgencia (o perdón) a la facultad dada a los fieles
de redimirse (librarse), mediante una cuantiosa limosna,
de las penitencias en que habían incurrido por sus
pecados. En este caso, se podían redimir dando dicha
limosna para la construcción de la basílica de San
Pedro; el efecto de las indulgencias podía aplicarse
tanto a los vivos como a las almas de los difuntos
castigados por Dios en el purgatorio. La predicación de
las indulgencias en Alemania (conocida entonces
con el nombre de Sacro Imperio Romano Germánico) fue
confiada al fraile dominico Johann Tetzel, quien
llegó a Wittenberg en 1517.
El asunto de las
indulgencias desató la indignación de Lutero, quien fijó
a la puerta de la iglesia local noventa y cinco razones
impugnando su venta.
Lutero prosiguió sus ataques en los años siguientes
contra todo el sistema de gobierno y las creencias de la
Iglesia, lo que acarreó que el Papa lo excomulgara. El
día que recibió la bula (documento papal) de
excomunión, Lutero reunió a todos los estudiantes en la
plaza de la iglesia de Wittenberg, y delante de ellos
arrojó la bula en una hoguera. La ruptura con el papado
fue, desde entonces, definitiva (1520). |