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EL CISMA DE ORIENTE
Nació la Iglesia Ortodoxa el 16 de julio del año 1054, cuando el Cardenal Humberto de Silva Cándida, legado del Papa León IX, depositó, en presencia del Emperador, la bula de excomunión contra el Patriarca Miguel Cerulario, en el altar mayor de la Catedral de Santa Sofía de Constantinopla y partió para Roma en compañía de los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi que, con él, formaban la legación pontificia.

El Patriarca, excomulgó a su vez al Papa y a sus legados, consumando una ruptura que se incubaba desde hacia siglos.
En el primer Concilio celebrado en Constantinopla el año 381, segundo de los ecuménicos, se introdujo un canon un canon por el que se le reconocía la máxima autoridad en la Iglesia universal al Patriarca de Roma o PAPA, y después del Papa al Patriarca de Constantinopla. Por aquel tiempo se reconocían cinco patriarcas: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquia y Jerusalén, de los cuales los cuatro últimos corresponden a la Iglesia del Este.
EL ARRIANISMO, OFICIAL EN EL IMPERIO (343-398)
Del 343 al 398 el arrianismo fue la religión oficial de la Iglesia de Oriente. Tendencia que no era compartida por la de Occidente. El emperador Constancio impuso el arrianismo en el imperio. A tal efecto, en el 351, Constancio acudió al Concilio de Sirmiun, donde se condenaron los postulados trinitarios de los ortodoxos que sostenían la unidad sustancial de la divinidad, poniendo el acento en la distinción de tres personas divinas iguales entre ellas. Las tesis arrianas oscilaban entre las que podríamos llamar moderadas y que se contentaban con afirmar el parecido entre el Padre y el Hijo, y las extremistas, que negaban tal parecido puesto que el Hijo era claramente inferior al Padre. En el tercer Concilio de Sirmiun (358) se llego a una formulación que si bien no servía para superar las divisiones entre ortodoxos y arrianos, al menos acercó a los arrianos entre sí. Basilio de Ancira busco el punto medio: ni el Padre ni el Hijo eran de la misma sustancia, ni eran simplemente parecidos. La solución estaba en que eran de sustancia parecida.
Pero el Papa Liberio  -no muy decidido- exigió la celebración de un concilio ecuménico. Constancio organizó en Milán la celebración del mismo. Este concilio supuso el punto álgido de fricción entre las dos iglesias. El emperador intervino en términos tales de coacción que a muchos ortodoxos les resultaban intolerables: la opinión de Constancio había de ser considerada por los obispos como un canon y quien no la suscribiese sería desterrado. Las sesiones conciliares se celebraron en el propio palacio del emperador, donde éste podía seguir el debate instalado detrás de una cortina. Se condenó a Atanasio y se desterró a todos cuantos protestaron por tal decisión. El número de obispos desterrados fue elevadísimo, pese a que la coacción del emperador eliminó muchas resistencias. Es el caso de los obispos reunidos en Seleucia de Isauria (359), donde la mayoría de los presentes suscribió las tesis de Nicea. El emperador decidió que no salieran de la ciudad mientras no suscribieran el credo del III Concilio de Sirmiun. No sólo lo suscribieron en Niké, cerca de Andrinópolis, sino que volvieron a suscribirlo en Constantinopla, en presencia del emperador, al año siguiente.
Constancio proscribió el culto pagano, tanto los sacrificios como la adoración pública a los dioses y, para hacer más eficaz su voluntad de abatir el paganismo, ordenó: "Que todos los templos sean cerrados y se prohiba el acceso a ellos a fin de que los hombres perdidos no tengan ocasión de pecar. Que el que contravenga esta ley sea castigado con una espada vengadora".
REMOCIÓN DE SAN JUAN CRISOSTOMO (404-415)

San Juan Crisóstomo se formó en la escuela de Libanio junto a San Basilio el Grande mientras que los estudios de teología los realizó con el obispo de Tarso, Diódoro. En el año 376 fue ordenado sacerdote, destacando por su apasionada elocuencia por lo que recibió el sobrenombre de "Boca de Oro". Fue elegido arzobispo de Constantinopla en 398 pero la emperatriz Eudoxia le acusó de hereje cinco años después y fue enviado al exilio. El pueblo reclamó su presencia y san Juan regresó a Constantinopla pero Eudoxia consiguió que fuera de nuevo desterrado. Fue obligado a trasladarse al Ponto, muriendo durante el viaje.

EL CISMA DE ACACIO (484-518)
Era éste Patriarca de Constantinopla cuando recibió una comunicación del Papa Félix III, en la primavera del año 484, conminándole a abandonar la herejía monofisita, que habla sido condenada en el Concilio de Calcedonia, bajo la pena de excomunión y deposición. Reaccionó éste borrando del canon el nombre del Papa y rompiendo sus relaciones con Roma. Los Patriarcas de Alejandría y Antioquía siguieron su ejemplo y se ajustaron a su voluntad. La ascensión al trono del emperador Justino I, el año 518, acabó con un cisma que había durado treinta y cuatro años.
MONOTELISMO (640-681)
Heraclio pide a Sergio de Constantinopla que redacte la nueva doctrina. S. Sofronio de Jerusalen y S. Máximo en confesor, abad de Constantinopla, se oponen. Sergio acude a Honorio I (625-638) y expone el monoergismo (Cristo tiene una energía, o modo natural de obrar). Honorio I envía dos cartas a Sergio aceptando genéricamente su postura. Haraclio promulga un edicto redactado por Sergio, la Ektesis, que imponía el monotelismo. En Oriente se aceptó. En Occidente no.
LOS ICONOCLASTAS (725-780)
La lucha contra el culto de las imágenes tuvo en Oriente dos fases. La primera fue promovida, y con bastante violencia, por el emperador León III el Isáurico, el año 725 con una serie de edictos que proscribían el culto y el uso de las imágenes de los santos y de los ángeles, de Cristo y de la Virgen; acabó esta fase con la muerte del emperador León IV, el año 780.
Siguió una reacción no menos enérgica por parte de San Germán, patriarca de Constantinopla, depuesto por el emperador el año 730, y de San Juan Damasceno, los cuales, con sus escritos, no sólo refutaron la acusación de idolatría lanzada contra la Iglesia, sino que explicaron además la legitimidad y la naturaleza del culto a las imágenes; otros obispos orientales y el Papa Gregorio III condenaron el iconoclastismo. A la lucha contra las imágenes, siguió bien pronto la persecución que contó con no pocos mártires. Constantino V Coprónimo (741-775) continuó la obra de su padre; lo mismo hizo León IV (775-780), si bien este último estuvo mejor dispuesto a un restablecimiento de la paz, gracias a las instigaciones de su mujer Irene, la cual, una vez que se quedó viuda y emperatriz, convocó de acuerdo con el Papa Adriano I y con el patriarca de Constantinopla, San Tarasio, el II Concilio de Nicea (VII ecuménico), el año 787. En este Concilio se definió la legitimidad del culto a las imágenes y se condenó el error iconoclasta.
EL CISMA DE FOCIO (858-867)
Era Papa Nicolás I (858-867) y era Patriarca de Constantinopla el obispo Ignacio, elegido el 4 de julio del año 847. En la fiesta de Epifanía del año 857 negó públicamente la Sagrada Comunión a un tío del Emperador Miguel III que vivía "licenciosamente" con su propia nuera. Ello motivó su deposición y destierro el día 23 de noviembre del 858, acusado de haber traicionado la confianza del Emperador. Nombró éste como nuevo Patriarca a un miembro de la Corte imperial, laico, oficial mayor de su guardia, llamado Focio, hombre culto y erudito, que en cinco días recibió todas las órdenes sagradas de manos de un obispo poco amigo del depuesto Patriarca. Quiso Focio recibir la confirmación del Papa Nicolás I, que envió a Constantinopla a sus legados con instrucciones muy concretas y facultades muy precisas. Parece que no se ajustaron éstos a los poderes recibidos y, en vez de deponer a Focio y restituir a Ignacio como indicaban sus instrucciones, confirmaron a Focio como Patriarca de Constantinopla en un Sínodo habido en la ciudad el año 861. Conocedor el Pontífice de la deslealtad de sus legados, les excomulgó, pena que hizo extensiva al emperador y al patriarca. Ello originó la ruptura de éstos con el Papa y el rechazo de la primacía papal, a lo que añadieron la excomunión y deposición del mismo Papa por parte del ilegítimo Patriarca. Ciertamente no fueron muchos los años que duró el Cisma de Focio, del 858 al 867, pues al ser derrocado el Emperador Miguel III por el macedonio Basilio I, fue depuesto y restituido en su sede el legitimo Patriarca Ignacio.
EL CISMA ORTODOXO

Nació la Iglesia Ortodoxa el 16 de julio del año 1054, cuando el Cardenal Humberto de Silva Cándida, legado del Papa León IX, depositó, en presencia del Emperador, la bula de excomunión contra el Patriarca Miguel Cerulario, en el altar mayor de la Catedral de Santa Sofía de Constantinopla y partió para Roma en compañía de los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi que, con él, formaban la legación pontificia.

El Patriarca, excomulgó a su vez al Papa y a sus legados, consumando una ruptura que se incubaba desde hacia siglos.
La Iglesia ortodoxa separada se fue fragmentando en iglesias autónomas o autocéfalas. A diferencia del protestantismo los ortodoxos han conservado la unidad doctrinal y de culto, pero han perdido la unidad de jurisdicción. Las sedes de Roma y de Constantinopla fueron las que provocaron el Cisma y, con ella se separaron de Roma todas las iglesias que en 1054 estaban bajo su jurisdicción, la Ortodoxa Griega, Chipriota, Alejandría, Antioquia, Jerusalén y Moscú.