fundó el Opus Dei el 2 de octubre de 1928
para que gente de todas las clases sociales busquen la santidad sin
retirarse del mundo, ejerciendo plenamente su profesión. Hoy, partidarios y
detractores están de acuerdo en reconocer que monseñor Escrivá ha sido uno
de los españoles de mayor proyección durante el siglo XX y su Obra es una de
las instituciones religiosas más influyentes en la Iglesia y la
sociedad civil. Según sus propias fuentes, el Opus Dei estaría
integrado por 84.000 fieles repartidos por 60 países, 27.000 de ellos en
España, que se reconocen mediante un santo y seña.
Si un general se cruza con el ministro de Defensa,
Federico Trillo, cuya pertenencia al Opus Dei es pública, y le
saluda con la palabra "pax ", el dirigente del PP le reconocerá como un
miembro de la Obra y le responderá con otra expresión latina: 'In aeternum'.
Este es el 'hola' trascendente que emplean entre sí los miembros de la
organización. Esta preservación de la privacidad forma parte de la
institución. Tanto es así que en su constitución, redactada en 1950, el
artículo 191 afirma: "Los miembros numerarios y supernumerarios sepan bien
que deberán observar siempre un prudente silencio sobre los nombres de otros
asociados y que no deberán revelar nunca a nadie que ellos mismos pertenecen
al Opus".
Este misterio excita la curiosidad en torno a los
miembros de la Obra. ¿Quiénes y cuántos son realmente? Según sus propios
datos, cuentan con más de 500 colegios y universidades, medio centenar de
emisoras de radio, 12 productoras de cine y televisión, 12 editoriales, 604
periódicos y revistas y 38 agencias de información. En España, el país de
Jose María Escrivá, la Obra goza de más salud que nunca. En el artículo
202 de sus constitución se puede leer: "Medio de apostolado peculiar de la
Institución son los cargos públicos, en especial aquellos que implican el
ejercicio de una dirección". La presencia del Opus Dei se centra en
la política, las finanzas, los medios de comunicación, el sector educativo o
el seno de la propia Iglesia.
Su presencia en el entorno de la Casa Real se remonta a
la época en la que el Opus apostó por el príncipe Juan Carlos
como sucesor de Franco. Desde entonces, Federico Suárez,
miembro de la Obra, fue primero el preceptor del príncipe y después el
capellán de la Casa Real. Y Laura Hurtado de Mendoza, también
de la Obra, es la secretaria de Doña Sofía. En Moncloa, tanto José
María Aznar como Ana Botella declaran no ser ni siquiera simpatizantes
de la Obra. Pero el abuelo del presidente, Manuel Aznar, era íntimo
amigo de Escrivá, ella es sobrina de José Botella, uno de los
más reconocidos miembros de la Obra durante el régimen, y sus hijos fueron a
los colegios Peñalba y Pinoalbar, que se rigen por el ideario de la
Obra.
El aparato del PP cuenta con una nutrida presencia de
miembros del Opus en sus filas. Entre los miembros y simpatizantes
muy próximos están Federico Trillo, Cristóbal Montoro, Jesús Cardenal,
José Manuel Otero Novas, Emilio Recorder de Caso, Juan Antonio Gómez Angulo,
Rogelio Baón, Isabel Tocino, Loyola de Palacio, Juan Luis de la Vallina,
Benigno Blanco, Andrés Ollero, Juan Ramón Calero, Juan José Lucas, Miguel
Angel Cortés, José Manuel Romay, Ana Mato, Juan Cotino, José María Michavila
(aunque él dice que lo dejó), Pablo Guardans, Joaquín Abril
Martorell, Alberto de la Hera, María Concepción Dancausa, Pilar Pulgar,
Francisco Gilet, Rosa Estarán, Gabriel Oliver, Manuel Milián, Vicente
Martínez Pujalte, Pedro Agramunt, Eduardo Rodríguez Espinosa, Manuel
Arqueros, Felipe Camisón, José María García Magallo, Carlos Robles Piquer,
José Antonio Orza, Juan Piñeiro, Fernando Díez Moreno, Luis María Huete o
Jesús Pedroche.
Los miembros de la Obra también están presentes en otros
partidos: Jaime Ignacio del Burgo y Jesús Aizpún en UPN; Lluís Alegre,
Concepción Ferrer y Joaquín Molins en CiU e, incluso, Rafael Larreina
en Eusko Alkartasuna. Su penetración es menor en el PSOE, aunque uno de
sus antiguos ideólogos, Ludolfo Paramio, estuvo en la Obra y luego la
abandonó.
Pero la influencia de la Obra trasciende el ámbito
político para hundir sus raíces en el sector económico y financiero. Según
Santiago Aroca, autor de una exhaustiva investigación independiente
sobre el Opus, el entramado alcanza a unas 1.500 empresas y
sociedades. La organización mueve al año, sólo en España, alrededor de 180
millones de euros.
El área tradicional de influencia de la Obra en este
sector ha sido el Banco Popular, presidido por uno de sus numerarios,
Luis Valls Taberner, y por su hermano, Javier. Pero el Opus
ha colocado a miembros y simpatizantes en puestos claves de otros
grandes bancos y empresas. Entre ellos están o estuvieron, Emilio de
Ybarra, ex presidente de BBV; Juan Alfaro, propietario de
Empresas Alfaro; Pablo Bofill, ex presidente de Banco Atlántico;
Guzmán Lacalle, ex vicepresidente del RACE; José J. Sancho Dronda,
ex presidente de las Confederación Española de Cajas de Ahorro
(CECA); Juan Palomeras Vigas, ex presidente de Banco de Navarra; José
M. Arana Aizpurua, vicepresidente de Rioja Alta S.A.; Federico Isart,
hombre de SCH vinculado a la Fundación Marcelino Botín; Víctor
Mendoza, ex director del Instituto de Estudios Económicos; Ramón Mas,
abogado; Eugenio Galdón, presidente de Ono; Jaime Vicens,
ex presidente de Ediciones Rialp; Casimiro Molins, presidente de
Cementos Molins y ex administrador de Naarden International; Rafael
Termes, presidente de la Asociación Española de Banca entre 1966
y 1990; José María Aristraín, presidente de la Corporación
J.M.Aristraín; José María Concejo, ex secretario del consejo de BBV;
Aristóbulo de Juan, ex asesor del Fondo Monetario Internacional;
Álvaro Dornecq, ganadero y agricultor; Mariano Navarro, ex
ministro de Hacienda; Antonio García Fernández, ex propietario de
JOTSA; Antonio Rico Altuna, presidente de empresas Echevarría, o
el ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores Juan
Fernández Armesto.
En el ámbito de la Justicia, además del fiscal general,
Jesús Cardenal, están en la órbita de la Obra los magistrados José
Luis Requero, que es también vocal del Consejo General del Poder
Judicial; Luis Román Puerta, Antonio Martí y Vicente Conde, y los
fiscales Jesús Santos y Antonio del Moral.
Esta vigorosa presencia está relacionada con la
especialización de la Obra, a partir del Vaticano II, en la
enseñanza. Además de la Universidad de Navarra, con sus veinte
facultades y su clínica universitaria, el Opus controla también el
Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), en cuyo consejo
internacional se sientan los presidentes de grandes multinacionales y
bancos. Son ya muchos los catedráticos de la Obra como José Luis Meilán
Gil, rector de la Universidad de La Coruña; los catedráticos de
Derecho Álvaro D'Ors, José Desantes,
Andrés de la Oliva, Gaspar Ariño y Rafael Navarro Valls;
los de Ciencias de la Información Javier Fernández del Moral, Luis
Núñez Ladeveze, Manuel Fernández Areal y José Luis Martínez Albertos; de
Geología, Ramón Llamas, y de Latín, Antonio Fontán.
La vinculación con los medios de comunicación es casi
fundacional. "Tenemos que envolver el mundo en papel de periódico", solía
decir Escrivá. Entre los medios vinculados de alguna manera a la Obra
se citan "Expansión", "Actualidad Económica", "Marca", "Telva", "Palabra" y
"Mundo cristiano". Entre los periodistas y editores vinculados con la Obra
están: Juan Pablo de Villanueva, Juan Kindelán, Miguel Platón, Luis
Ayllón, José María García Hoz, Covadonga O'Shea, José Luis Cebrián Boné,
Pilar Urbano, José Antonio Vidal-Quadras, Ramón Pi, Pablo Irazazábal, Luis
Ignacio Seco, Francisco Prados de la Plaza, Joaquín Bordiú, José Apezarena,
Ricardo Estarriol, Miguel Castellví, Pilar Cambra y Justino Sinova.
También forman parte de los círculos del Opus Dei numerosos
eclesiásticos. Directamente ligados a la Obra está el portavoz de la
Santa Sede, Joaquín Navarro Valls; el director de la escuela diplomática
del Vaticano, Justo Mullor, o el presidente del Consejo Pontificio
para la Interpretación de los Textos Legislativos, el también español
Julián Herranz.
Escrivá consiguió atraer hacia su carisma a miles de
personas. Quizás porque, durante siglos, se había dado una excesiva
clericalización de la Iglesia, hasta el punto de que muchos pensaban que,
para lograr la santidad, era preciso apartarse del mundo, hacerse fraile,
cura o monja. Monseñor Escrivá, en cambio, adelantándose al
Vaticano II, recuerda que la santidad es posible en medio del mundo,
"haciendo endecasílabos de la prosa ordinaria de cada día~', como le gustaba
decir.