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| 1998: lo que Aznar prometía a ETA |
Francesc de P. Burgera
18/05/2005 (Diario directo)
El 2 de octubre de 1.998, el presidente Aznar anunció
solemnemente, en una comparecencia en las escaleras de La Moncloa, que
estaba dispuesto a poner en marcha el proceso de paz si ETA acredita de
forma inequívoca que su abandono de la violencia tiene carácter
definitivo. Aznar se mostró dispuesto a activar las previsiones
contenidas en el Pacto de Ajuria Enea, en sus puntos 9, 10 y 12, que se
refieren a la apertura de un proceso de reinserción de los presos y
exiliados de ETA, la apertura de un diálogo entre los poderes
competentes del Estado y quienes abandonen la violencia, separado del
que mantengan las fuerzas políticas. El proceso de paz incluiría, en una
primera fase, la flexibilización de la política penitenciaria, que lleva
consigo el acercamiento de los presos a las cárceles vascas, la
concesión de terceros grados y, finalmente, indultos.
Este proceso de paz exige la participación de todos los partidos
democráticos y, en especial, los firmantes del Pacto de Ajuria Enea.
Este anuncio del presidente fue saludado favorablemente por los medios
de comunicación, con editoriales respaldando a Aznar por parte de
'El País' y 'El Mundo'.
Un mes más tarde, el 3 de noviembre, Aznar da un paso más y anuncia el
establecimiento de contactos con interlocutores del Movimiento de
Liberación Nacional Vasco, término inusual y rechazado siempre por el
Ejecutivo, con el objetivo de "acreditar la voluntad de la organización
terrorista de dar los pasos necesarios para abrir un proceso de paz
mediante el cese definitivo de la violencia".
El portavoz del Gobierno, Josep Piqué, declaraba que
"lo importante ahora es acreditar la voluntad real por parte de ETA
de abandonar las armas y de eliminar algunos equívocos que todavía se
siguen produciendo, en relación, por ejemplo, a la inquietud de
empresarios vascos en cuanto al impuesto revolucionario o episodios de
violencia reciente que todavía no han sido condenados". El diario
'El Mundo', publica un editorial al día siguiente, titulado
"Otro valiente paso de Aznar hacia la paz". Y terminaba con estas
palabras: "Ante asunto de tanta trascendencia, los celos partidistas
están de más. Si la paz se lograse, nunca será exclusiva de Aznar:
corresponderá a todos cuantos la hayan propiciado". Y es que en el
PSOE se habían quejado de que esta decisión del presidente del Gobierno
de iniciar contactos con ETA, le fuese comunicada previamente al PNV
pero no a los dirigentes del partido socialista.
El día 5, dos días después, el vicepresidente primero del Gobierno,
Álvarez Cascos, pedía a ETA que designase a sus
interlocutores para que el Gobierno pueda iniciar conversaciones con
esta organización. El Gobierno ya ha dicho quién es el interlocutor:
"el propio Gobierno". Ese mismo día, el presidente Aznar, durante
la presentación de la revista 'La aventura de la historia', se
reafirmaba en su propuesta y declaraba estar dispuesto "al perdón y
la generosidad" si ETA renuncia definitivamente a las armas. Esto
es lo que pasaba en 1.998. Nadie, sin embargo, se dirigió a Aznar
acusándole de estar "traicionando a los muertos".
No sólo por entablar diálogos con ETA sino por ofrecer a los presos
el acercamiento al País Vasco, terceros grados, libertades
condicionales, hasta ¡indultos!. Es decir, "perdón y generosidad".
Ni a la Asociación de Víctimas del Terrorismo se le ocurrió convocar una
manifestación en protesta por estas deferencias de Aznar con los
terroristas. Ni Aznar se encontró con la cantidad de insultos y
descalificaciones que se le han dedicado a Zapatero por
pedir, simplemente, al Congreso, autorización para de acuerdo con el
Pacto de Ajuria Enea, si ETA manifiesta "una clara voluntad para
poner fin a la violencia y da muestras inequívocas", abrir procesos
de diálogo "entre los poderes competentes del Estado y quienes
decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio
irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse
únicamente a través de los representantes legítimos de la volunta
popular".
Esto es lo que Zapatero pide: que el Congreso le respalde a iniciar un
proceso. No ha hablado de "perdones" ni de "generosidades",
ni de "terceros grados" ni de "indultos". Sólo quiere
abrir un camino. ¿A qué viene, entonces, tanta algarabía, tanto insulto,
tanto despropósito? ¿Qué pretenden los señores políticos del PP y sus
medios de comunicación con sus palmeros? ¿Y la Iglesia, con los obispos
lanzando homilías con la acusación al presidente Zapatero de
"traicionar a los muertos", siguiendo los pasos del señor
Rajoy? Y el presidente de la Asociación de las Víctimas, señor
Alcaraz, corriendo a convocar una manifestación en
contra de que se establezca un diálogo con ETA si ésta abandona la
violencia. ¿Por qué el presidente Zapatero no puede iniciar un proceso
de paz y el señor Aznar sí?. ¿Por qué a Zapatero se le insulta cuando a
Aznar se le ensalzaba por hacer lo mismo?. Sencillamente, y no le den
más vueltas: es que Aznar era uno de los suyos. Usan el terrorismo de
forma partidista. |
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