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Ira Einhorn (22 años
para hacer justicia) |
En
los años setenta, era una personalidad a tener en cuenta. Se codeaba con
activistas de la talla de Jerry Rubin, Abby Hoffman y Allan Ginsberg.
Sin afeitarse, sin bañarse, pero culto e instruido, conducía a los no
iniciados a la Era de Acuario. Fumaba abiertamente marihuana y, según
algunos, tomaba suficientes drogas como para haber matado a una ballena.
Ira, incluso, dio clases en la Universidad de Harvard.
Era un hombre encantador, nacido en 1.940, le gustaban las mujeres y
todo parece indicar que a ellas les gustaba él. Al menos por un tiempo.
No se tomaba muy bien que lo rechazaran. Romper con él era como cavar su
propia tumba. Una novia que puso fin a su relación casi muere por
asfixia. A otra le golpeó en la cabeza con una botella.
En 1972, Ira conoció a Holly Maddux en un bar. Holly era de una belleza
excepcional: serena, frágil y etérea. Era graduada del prestigioso Bryn
Mawr College.
A
los pocos días de conocerse, la pareja se hizo inseparable. La relación
duraría casi cinco años, hasta que Holly empezó a conocer de verdad al
gurú entrecano y decidió romper con él.
Como era habitual, Ira no se lo tomó bien. Por teléfono, le dijo que
arrojaría sus pertenencias a la calle. Holly se dirigió apresuradamente
al apartamento de Filadelfia que ambos compartían. Esa fue la última vez
que se supo de Holly Maddux. Ira les dijo con toda tranquilidad a sus
conocidos que había ido a hacer unas compras y nunca había vuelto.
En Tyler, Texas, los padres de Holly no podían entender por qué su hija
llevaba varias semanas sin llamarlos, algo que nunca había hecho. Los
padres, preocupados, se pusieron en contacto con la policía de
Filadelfia, que efectuó una investigación somera. Como no había prueba
alguna ni sospecha de violencia criminal, dejaron correr el asunto.
Los Maddux no quedaron satisfechos. Contrataron a una pareja de
detectives privados para que investigara la desaparición de su hija. Así
lo hicieron durante un año, descubriendo varios hechos sorprendentes. En
1977, en otoño, un estudiante que vivía en un apartamento debajo del de
Ira Einhorn, había oído un grito aterrador. El estudiante y su compañero
de piso añadieron que, semanas después de haber oído el alarido, empezó
a rezumar un líquido marrón oscuro por el techo. Cuando se quejaron al
conserje, se llamó a un fontanero, pero Einhorn no les dejó acceder a un
armario empotrado cerrado con un candado, que daba a su habitación.
Los
detectives privados presentaron los frutos de su investigación a la
policía. El 28 de marzo de 1979, un agente, con un palanca, fue a ver a
Ira y abrió el armario empotrado, encontrando un baúl. Dentro, entre
periódicos de agosto y septiembre de 1977, estaban los restos
momificados de Holly Maddux. Ira fue arrestado y acusado de asesinato.
Se le liberó al depositar una fianza de 40.000 dólares; de este total,
4.000 tenían que entregarse al tribunal. Tan buenos contactos tenía
Einhorn que la fianza fue pagada por Barbara Bronfman de Montreal.
El juicio se fijó para el 14 de enero de 1981. Poco antes de esa fecha,
Ira desapareció. Denis Weaire, catedrático del Trinity College de
Dublín, Irlanda, pensó que el encantador y excéntrico americano, Ira
Einhorn, y su novia, Jeanne Morrison, quienes se alojaban en su casa,
formaban una pareja de lo más original. Cuando el catedrático visitó
Chicago, le habló de Ira a unos amigos a los que les pareció recordar
que ese nombre había sido famoso por algo. Lo comprobaron en periódicos
de Chicago y le dijeron al profesor Weaire que estaba dando hospedaje a
un sospechoso de asesinato.
El profesor echó inmediatamente a Einhorn. Una vez más, el "Unicornio"
había huido de la justicia. Irlanda no tenía ningún tratado de
extradición con Estados Unidos. Durante cuatro años, Einhorn pasó de
Inglaterra a Gales, para volver después a Irlanda. Nos podemos imaginar
la sorpresa del profesor Weaire cuando vio a Einhorn, tan campante,
comiendo en la cafetería del Trinity College. Dio parte a la policía. En
esos cuatro años, Irlanda había suscrito un tratado de extradición con
Estados Unidos pero, una vez más, Ira huyó tan sólo unas horas antes de
que la policía llegara a la cafetería. Barbara Bronfman admitió que le
había dado dinero a Einhorn hasta 1988, momento en que se dio cuenta de
su verdadera calaña.
Comentó que Einhorn estaba viviendo con una belleza sueca llamada Annika
Flodin. Cuando el FBI, la Interpol y la policía sueca quisieron
intervenir, Einhorn ya había desaparecido. Annika, quien sostuvo que
ella sólo era la casera, les dijo a las autoridades que estaban
cometiendo un terrible error. Su inquilino se llamaba Ben Moore. Con el
tiempo, Annika se fue a vivir a Dinamarca donde, durante un rato,
intentó caer en el olvido. En 1993, un decidido fiscal de distrito de
Filadelfia decidió juzgar a Einhorn, pese a no estar éste presente.
Después de oír todas las pruebas, en sólo dos horas, un jurado lo
declaró culpable.
Cuando se emitió el programa de televisión Unsolved Mysteries (Misterios
sin resolver), a la policía le llovieron pistas, pero ninguna les llevó
a ninguna parte. Una mujer sueca, que vivía en California, vio el
programa y se puso en contacto con las autoridades. Explicó que su
familia tenía mucha influencia en Suecia y que, si lo deseaban, podía
ayudarles a examinar los archivos oficiales suecos. Las autoridades de
Filadelfia aceptaron la oferta de la mujer. De esta manera, los
detectives pudieron obtener el número sueco de seguridad social de
Annika Flodin. Lo cotejaron con vehículos suecos. Y, finalmente, en
1994, la novia de Einhorn había presentado el examen para obtener el
permiso de conducir en Francia, con el nombre de Annika Flodin Mallon.
Los detectives no se equivocaron al suponer que Annika se había casado
con Einhorn y que éste había cambiado de apellido, para llamarse Mallon.
Su dirección francesa estaba precisamente en la solicitud del permiso de
conducir. Esta vez, Ira no sabría de ninguna manera que le acechaba el
peligro.
En 1997, policías franceses, haciéndose pasar por turistas y pescadores,
localizaron la encantadora vivienda de Eugene Mallon en la pintoresca
ciudad de Champagne-Mouton, y estuvieron vigilándola varias semanas. No
había duda alguna de que sus habitantes eran Ira Einhorn y Annika Flodin.
Durante años, Ira y Annika habían vivido felices en esta remota región
del sur de Francia. En el pueblo creían que era un escritor americano
que había buscado un paraíso tranquilo para dedicarse a su trabajo. Por
fin había concluido su búsqueda, que se había prolongado 16 años. La
policía agarró a Ira, lo esposó y lo metió en la cárcel.
En
la víspera de su extradición, celebrada en 1977, sus abogados arguyeron
que cualquier persona que había sido juzgada y declarada culpable en
otro país en su ausencia no podía ser extraditada. Tres semanas después,
el tribunal francés así lo confirmó, negándose a extraditar a Einhorn.
Se necesitaron cuatro años de pleitos, apelaciones incluidas, antes de
que en julio de 2001, Francia respondiera a la solicitud estadounidense
de extradición, pero sólo lo hizo cuando se garantizó que sería juzgado
de nuevo y que no correría peligro de sufrir la pena de muerte. El 20 de
julio de 2001 (foto 2.001), Ira Einhorn fue entregado a las
autoridades estadounidenses. Fue juzgado y declarado culpable de
asesinar a Holly Maddux y sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad
de libertad condicional. |
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