LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA: ZAMA

Faltaba todavía descargar el golpe de gracia sobre Cartago. Escipión decidió dárselo en el Africa; para ello consiguió que el Senado lo enviara a Sicilia, con instrucciones para invadir el territorio cartaginés si se presentaba ocasión propicia.
Escipión, al revés de Haníbal y a pesar de su carácter fogoso, nunca dio una orden a sus legiones sin que por lo menos tuviese ésta la apariencia de cumplir la voluntad del Senado.
A los cuatro meses de haber tomado posesión del gobierno de Sicilia, ya había conseguido Escipión reunir 80 buques Y 35.000 hombres, con los que desembarcó cerca de Cartago sin encontrar dificultades.
Los romanos contaban allí con aliados. Los indígenas del norte de Africa estaban descontentos de Cartago y fueron más útiles a Escipión que los descontentos de Roma para Haníbal.
Este último se hallaba aún en el sur de Italia, esperando a su hermano menor Magón, que debía reunírsele con los últimos refuerzos de España. Allí, en aquella forzada inacción, Haníbal se entretenía redactando el diario de sus campañas, que hizo inscribir en griego y en fenicio en el altar del templo de Juno de Crotona.

Al recibir órdenes de la asamblea de Cartago para que regresaran al Africa, Haníbal y Magón, desde dos distintos lugares, se embarcaron hacia Cartago. Magón falleció durante el viaje, pero Haníbal consiguió desembarcar y en seguida organizó la resistencia.
La tradición dice que, antes de confiar a la suerte de una batalla el porvenir de la patria, los dos caudillos tuvieron una entrevista en la tienda de Escipión. Hay que imaginarse al cartaginés, tuerto y ya de más de cuarenta años, con su larga experiencia de las guerras de Italia, discutiendo con el joven romano unas condiciones de paz que éste no podía aceptar: Empezaba la guerra a muerte.


Cartago---La II Guerra Púnica
(c) José Manuel Ruiz