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Las bases de la confrontación entre Roma y Cartago estaban puestas desde el momento en que
ambas potencias actuaban sobre un ámbito geopolítico común con intereses contrapuestos.
Un grupo de mercenarios itálicos de Mesina que se llamaban a sí mismos mamertinos (hijos de Marte)
que habían estado al servicio de Agatocles, a la muerte de éste se revelaron contra Siracusa,
con la intención de convertir Mesina en un reino independiente.
Hieron, el nuevo rey de Sicilia, les derrotó y puso cerco a Mesina. Los mamertinos pidieron ayuda
a Roma (por parentesco, eran itálicos) y Hierón II a Cartago (por enemiga de Roma).
Mesina es una ciudad desde la que se puede controlar el Estrecho de Mesina, el que controlase
la ciudad tenía a su alcance la Península Itálica, de ahí su valor estratégico.
Cartago acudió en ayuda de Hieron, y Roma acudió a la isla tomando por sorpresa la
retaguardia Cartaginesa. La llegada de Manio Valerio con cuatro legiones cambió el signo de la guerra,
ya que Siracusa, temiendo perderla se alió a Roma contra Cartago.
La guerra se trasladó al escenario marítimo, donde Cartago era netamente superior, por lo que Roma decide
desembarcar en las costas de África sus tropas al mando de Atilio Régulo. Cartago pone al frente de
su ejército a un general espartano, Jantipo que barre del norte de África a los romanos.
Roma sale muy debilitada de la derrota, pero Cartago le proporciona un respiro al no ser constante
en la guerra y da tiempo a que los romanos a construir una nueva flota, que al mando de Cátulo, derrota a los cartagineses
en la batalla de las islas Egates (-241), expulsando a los Cartagineses
definitivamente de
Sicilia.
Amilcar y Cátulo firman el tratado que finaliza la contienda, los cartagineses abandonan Sicilia,
obligándoles a pagar 200 talentos de plata a los romanos durante los próximos 20 años.
En esta guerra, a nivel militar, hay un hecho determinante: combaten dos ejércitos, el cartaginés compuesto
por mercenarios y cuyos mandos intermedios también son mercenarios (los
oficiales cartagineses necesitaban
intérpretes para dar órdenes), y el romano con soldados de Roma y tropas auxiliares también
mandadas por romanos.
Las tropas cartaginesas estaban compuestas por mercenarios, que dada la fragilidad de las arcas
cartaginesas, castigadas por la guerra, y viendo que no percibían su salario, se revelan contra Cartago
comandados por Autaritos (galo) y Espendos (campano).
La Situación es terriblemente crítica para una ciudad en ruina económica y con las tropas sublevadas.
Afortunadamente para Cartago, Amilcar Barca tomo el mando del ejército y derrotó a los mercenarios
después de tres años de guerra. Aprovechando esta circunstancia Roma le quita a Cartago las islas
de Cerdeña y Córcega.
El resultado de la primera guerra púnica es que Roma se abre al mar en detrimento de Cartago.
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