Resolución óptima: 1.024 X 768

Nuevo: Conoce tu PC

SIR ERNEST HENRRY SHACKLETON: la Odisea del siglo XX

Inglés nacido en febrero de 1874, a los 16 años se enroló en la fragata "Hoghton Tower" y cruzó el Cabo de Hornos. En 1896 ya era primer oficial y dos años después, a los 24 años de edad, obtuvo el título de Capitán.

En septiembre de 1900 se ofreció como voluntario para la National Antarctic Expedition, comandanda por Robert Falcon Scott que habría de realizarse un año después en el Discovery. Era su primera expedicción a la Antártida. Volvió a la Antártida en 1.909 con una expedición con el "Nimrod" que le llevó a tener el Polo Sur al alcance de la mano pero, a 97 millas de su meta, tuvo que abandonar el proyecto. El Polo sería conquistado por el noruego Roald Amundsen a fines de 1911. Casi un mes después, Scott llegó también el Polo. Exhausto y sin comida, en el camino de regreso murió congelado junto a sus tres compañeros.


En 1.914 inserta en un periódico el siguiente anuncio: «Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito». Quería volver a la Antártida por tercera vez y ser el primero en atravesarla, Con la Imperial Trans-Antarctic Expedition de 1914-17, Shackleton pretendía cruzar el continente por un territorio desconocido, desde el Mar de Weddell al de Ross. El proyecto consistía en que el grupo de expedicionarios fuera dejado por el Endurance en algún punto de la costa, sobre el Mar de Weddell, mientras que otro barco, el Aurora, les aguadaría sobre el Mar de Ross, tras ir dejando provisiones en buena parte de la ruta que Shackleton y seis hombres vendrían recorriendo con trineos tirados por perros a lo largo de 2.800 kilómetros. Finalmente consigue su tripulación y zarpa en el ENDURANCE hacia una de las aventuras más increíbles del siglo XX.

El 8 de Agosto de 1914, el Endurance parte del puerto inglés de Plymouth. En Septiembre arriba a las costas de la isla Georgia del Sur y tiene que detenerse durante un mes debido al mal tiempo. Ese año la banquisa había llegado muy al norte, y el mar estaba impracticable. El 5 de Diciembre se da la orden de levar anclas y el Endurance pone rumbo sur-este. Hay témpanos de hielo por todas partes, una y otra vez se internan en canales entre los hielos, el avance se torna muy lento. Más de una vez los canales se cierran frente a ellos y han de tomar otra vía. El 10 de Enero llegan a la Tierra de Coats, pero en realidad son enormes acantilados cubiertos de hielo de 20 metros de altura. Imposible desembarcar. El 19 de enero de 1915, su barco queda inmovilizado en el Mar de Weddell, aferrado por grandes témpanos que le rodean y aprietan. A partir de ese momento comienza la verdadera odisea.

Creían que en el verano saldrían de aquella incómoda situación. Pero al irse rompiendo el hielo y producirse el desplazamiento de grandes témpanos que llegaban a montarse unos sobre otros, el Endurance empezó a ser apretado por esas grandes tenazas de agua de mar congelado y, cuando ya le sostenían con firmeza, en cinco segundos el empuje del hielo lo hizo escorar 20 grados a babor. Tras una pequeña pausa, llegó a los 30 grados. En el interior todas las cosas volaron por los aires y lo que era un sólido barco con maderos de roble de hasta 75 centímetros de espesor, se iría convirtiendo a partir gradual e inexorablemente en astillas, para ser devoradas por el mar.

El 27 de Octubre, después de vivir 10 meses en el barco atrapado, Shackleton ordena abandonar el barco que hasta entonces les había cobijado y decide instalar un campamento que bautizaría Ocean Camp. Los 28 hombres de la expedición están ahora en la mayor soledad, distantes una eternidad de la más remota posibilidad de ser rescatados. Ni el mismísimo diablo se atrevería a cruzar semejante inmensidad de hielo para ir al encuentro de aquellos osados.

El proyecto de Shackleton de salir de aquel infierno helado tras la pérdida del Endurance, solo podía haber sido imaginado por alguien como él que, además de conocer como pocos la Antártida, tenía una confianza inquebrantable en sí mismo: al fracasar en un primer intento por avanzar caminando hacia el Norte, propuso abordar un témpano lo suficientemente sólido que, al derivar llevado por la corriente y el viento, los dejara a tiro de piedra de isla Paulet, distante 346 millas. Ahí les sería posible alcanzar el refugio con alimentos y combustible dejado en 1904 por la corbeta Uruguay. Desde Paulet, planeaba continuar hasta la Tierra de Graham con la esperanza de encontrar una flota de cazadores de ballenas que pudiesen sacarlos de ese atolladero

La marcha hacia el norte iba a ser penosa, agotadora y lenta. Los hombres del contingente de exploradores, para sobrevivir, tuvieron que seleccionar cuidadosamente lo que iban a cargar. Shackleton ordenó entonces preparar los tres botes de salvamento del Endurance y recoger únicamente alimentos, abrigos, aceite, combustible. "Cada hombre podía llevar, además de la ropa que tuviese puesta, dos pares de mitones, seis pares de medias, dos de botas, una bolsa para dormir, una libra de tabaco y dos libras de efectos personales". Objetos suntuosos y hasta las fotos familiares, debían ser abandonados. Dirigiéndose al meteorólogo Leonard Hussey, le dijo que podía traer su banjo, aunque era bastante pesado, puesto que la música era "vital tónico mental".  A Thomas Crean, segundo oficial del Endurance, le hizo matar los tres cachorros y a "Mrs. Chippy", la gata que había abordado el barco en su escala en Buenos Aires y que se había convertido en la mascota, pero no se atrevió a sacrificar a Sirius, el perro de Macklin, que todavía no había aprendido a tirar del trineo.

Y para que no quedasen dudas del significado de aquella orden, Shackleton tomó del bolsillo de su parca un puñado de libras esterlinas y su cigarrera de oro y las tiró sobre la nieve. Por último, tomó la Biblia que le había obsequiado la Reina Madre Alexandra y la depositó en el suelo luego de arrancarle las páginas con la dedicatoria, el Salmo 23 y del Libro de Job la página con el verso: "¿De la matriz de quién nació el cielo?/ Las aguas se endurecen a manera de piedra,/ ¿Y la blanca escarcha del Cielo, quién la ha engendrado?/ Y la faz del piélago está congelada".

La tripulación del Endurance fue ganando camino hacia el Norte, llevados a la deriva por los grandes packs de hielo o por extenuantes caminatas, arrastrando sobre trineos a los botes (James Caird, Dudley Docker y Stancomb Wills) a medida que el hielo se resquebrajaba porque, a partir de Diciembre de 1915, el aumento de la temperatura fue haciendo que el hielo se debilitara y tuvieran que buscar desesperadamente témpanos más gruesos y sólidos. Los hombres avanzaban casi pegados a los tres botes. En la Nochebuena cruzaron el círculo polar antártico, siempre derivando en dirección al Norte. Un año antes habían hecho ese mismo camino en sentido inverso, pero a bordo del Endurance. Todo era penoso, hasta el dolor de tener que sacrificar de un tiro, el 30 de marzo, al último de los 68 perros canadienses que les habían acompañado. Sería reserva de carne fresca para dos semanas.

El 12 de abril, después de más de cuatro meses viviendo en témpanos de hielo, consiguiendo agua calentando el hielo y comiendo de la caza de las focas, Shackleton avistó la escarpada costa de la Isla Elefante. El témpano había derivado unas 30 millas náuticas al Este, alejándoles de la costa, de tal manera que ya les sería imposible alcanzar isla Paulet. De continuar en el témpano, les aguardaba una muerte segura porque por delante no había otra cosa que la inmensidad del Atlántico. La decisión estaba tomada: largarían los tres botes para alcanzar aquella isla que no era más que una gran roca en el oceano.

Estaban en tierra firme por primera vez en 16 meses, pero el terreno no les ofrecía otra cosa que soledad. Shackleton, una vez más, se erigió en alguien capaz de seguir enfrentando las mayores adversidades y como, un moderno Ulises, decidido a salvar las vidas a todos aquellos que habían confiado en él y que ahora se encontraban inmersos en una despiadada realidad.

El 20 de abril les informó que en el James Caird, la ballenera de poco más de 6 metros de eslora, zarparía en busca de Georgia del Sur, distante 800 millas náuticas, para pedir ayuda en la estación ballenera de Grytviken. Digamos que eran algo así como 1.480 kilómetros en uno de los mares más desgraciados del planeta por la fuerza de los vientos que rigen. Cuatro días después, acompañado por el teniente de navío Frank Worsley, Thomas Crean (quien en la expedición de Scott había sido condecorado con la Medalla al Valor), el carpintero Henry McNish y los marineros John Vincent y Timothy McCarthy, se hizo a la mar. El equipo del James Caird consistía en una brújula, sextante, barómetro aneroide, algunos mapas y dos binoculares, además de las provisiones.

Dos semanas después, el 8 de mayo y tras haber soportado dos violentos temporales y olas que "en mis 27 años de marino, jamás había visto" (Shackleton), avistaron la costa acantilada de Georgia del Sur. Pero el destino seguía empecinándose contra esos marinos. Un violento temporal se los tragó y la isla cesó de dibujarse sobre el horizonte. Dos días después pudieron desembarcar, a 30 kilómetros de la estación ballenera de Grytviken. Emprendieron una nueva y pesada marcha para superar las cumbres escarpadas y heladas de la isla. Basta mencionar que no fue sino hasta 1957 que la isla fue atravesada por segunda vez por una expedición de alpinistas especialmente equipados, no como los náufragos del Endurance, vestidos casi con harapos, famélicos, contando tan solo con una cuerda y una azada.

El rescate de los hombres en Isla Elefante no fue menos penoso. Con el ballenero "Southern Sky", Shackleton y Worsley llegaron hasta 60 millas de la isla, pero el hielo los rechazó. Un nuevo intento se realizó con el trawler "Instituto de Pesca Nº 1" del Uruguay pero el hielo volvió a negarles el paso. Shackleton se trasladó a Punta Arenas, donde residentes ingleses y chilenos donaron 1.500 libras esterlinas para alquilar la goleta  "Emma". En proximidad de la isla Elefante, el motor auxiliar quedó fuera de servicio y como era un gran riesgoso seguir solo a vela decidieron abandonar la búsqueda. Por fin, Shackleton obtuvo la asistencia del remolcador de mar de bandera chilena "Yelcho", que, al mando del capitán Luis Pardo, que lo llevó a él y a Worsley hasta la Isla Elefante. Arribaron el 30 de agosto de 1916, 105 días después de haber zarpado con el James Caird. Lo más probable era que alguno de sus 28 hombres hubiese muerto, pero no, aquellos héroes de la Antártida estaban ahí esperándolo, cansados, con hambre, sucios, pero inmensamente felices. Salieron de Inglaterra en 1.914 y regresaron en 1.917.

El Testimonio gráfico del viaje fue hecho por el fotógrafo australiano James Francis Hurley, que formaba parte de la tripulación del Endurance. Desgraciadamente de las más de 600 fotos, de las que 440 fueron desechadas por el exceso de peso de los tres botes. Dijo:  "Para conductor científico, denme ustedes a Scott; para viajar veloz y eficientemente, Amundsen; pero cuando uno se encuentra en una situación desesperada, cuando parece que no hay salvación, conviene arrodillarse y pedir a Dios que le envíe a Shackleton".

Shackleton comenzó a beber y a fumar en exceso, cayendo en una gran depresión. Estimulado por su esposa Emily, que siempre le había apoyado en todos sus emprendimientos, en 1920 dio inicio a un nuevo proyecto de exploración en la Antártida. Sus sentimientos habían estado dirigidos siempre hacia el sur; mares y territorios por los cuales sentía una profunda pasión. Todos sabían que era un gran marino, así que no tardó en encontrar quienes financiaran el nuevo viaje. El diciembre de 1921 zarpó de Inglaterra en la que sería su cuarta expedición Antártica con la idea de circunnavegar el continente austral con el "Quest" (Búsqueda), un foquero de 125 toneladas de desplazamiento construido en Noruega. Al llegar a la primera escala en Río de Janeiro, Shackleton tuvo un infarto pero no quiso ser internado y continuó bebiendo, creyendo que de esa manera podría paliar el dolor.

El "Quest" arribó finalmente a Grytviken, en Georgia del Sur, donde Shackleton se encontró con muchos de los noruegos que le habían ayudado años antes en el rescate de sus hombres del Endurance. Pero el 5 de enero de 1922, padece otro ataque al corazón y esta vez, el gran héroe de la Antártida, no logra derrotar a la pérfida muerte.

Su cuerpo es enviado a Inglaterra y al arribar a Montevideo, Worsley, quien le acompañaba, recibe un telegrama de Emily, que le dice que Shackleton hubiera deseado ser enterrado en aquella tierras australes. El barco larga amarras y navega sus propia estela hasta Grytviken, donde una tumba guardaría para siempre sus restos. ¿Guardaría? Lo que pocos saben es que el cuerpo de Shackleton habría sido en realidad tirado al agua, porque se había descompuesto, y que aquella tumba sólo tiene una lápida con su nombre.


Site Meter